La batalla de Aspern-Essling

Por delante tenemos intención de relatar qué ocurrió en la Batalla de Aspern-Essling, en los alrededores de Viena allá por el 21 y 22 de mayo del año 1809. Pero antes establezcamos un contexto histórico. Recordamos: la paz se rompe en 1803, Napoleón se corona emperador en 1804, campaña de Ulm y colosal victoria contra rusos y austriacos en la Batalla de Austerlitz.

Los Habsburgo, humillados, esperan su oportunidad para volver a su estatus de potencia de primer orden. Su oportunidad llega cuando, en 1808, al otro lado del continente, un tal general Castaños derrota a los franceses en Bailén. El tablero europeo se tambalea. Napoleón lo sabe y trata de que todo vuelva a la ‘normalidad’ aplastando a los españoles en persona, cosa que consigue. Pero ese tiempo en España ha sido aprovechado por los austriacos para movilizar un enorme ejército. Cuando esto se sabe en París el corso se ve obligado a abandonar España, dejando sin finalizar la conquista de nuestro país. En abril de 1809 los germanos cruzan la frontera e inician la invasión de Baviera, por entonces aliada de Francia.

Austria invade Baviera

Las cosas comienzan bien para Austria, pero cuando Bonaparte llega al frente les derrota en Ratisbona y Eckmühl . Viena, tras un breve bombardeo, es declarada ‘ciudad libre’, por lo que es ocupada. La guarnición rompe los puentes sobre el Danubio, por lo que el río separa a los dos ejércitos. Pero las líneas francesas están demasiado extendidas. Napoleón necesita una victoria decisiva, y rápido, pero mayo es un mal momento para cruzar el Danubio, con los deshielos. Es un río enorme, y su caudal en esa época es arrolladora.

Una maniobra muy complicada intentar cruzarlo si los austriacos están al otro lado. Pero el corso asume que el archiduque Carlos (o Karl, en alemán), se replegaría hacia Moravia, dejando franco el paso, como hizo Kutúzov en 1805. Pero Carlos había aprendido y tomó posiciones al norte de Viena, enviando cuerpos de observación sobre todos los posibles lugares vadeables. No en vano conocía el terreno perfectamente. Un primer intento de cruce se hizo el 13 de mayo en Nussdorf, siendo rechazado.

El cruce del Dabubio

Un nuevo punto de paso fue elegido por el ingeniero jefe francés, el general Bertrand, 6 km al sur de Viena en Kaiser-Ebersdorf. No sería nada fácil. Se trataría de usar 3 islas como puntos intermedios. La más grande de las cuales, la isla de Lobau, serviría como lugar de reunión previo al cruce final al otro lado del río. Cada tramo de pontones debería medir 450, 225 y 125 metros, lo que da buena idea de la dificultad del trabajo a realizar por los pontoneros y de lo crítica que sería la posición francesa si algo no salía como estaba planeado.

Puente sobre el Danubio roto, de Myrbach

La tarde noche del sábado día 20, la isla de Lobau estaba asegurada. Las 3ª y 4ª divisiones cruzaron el último tramo sobre 2 pontones y entraron en los pueblos de Aspern y de Essling, que darían nombre a la batalla. La caballería de Lasalle les acompañó. Mientras esto ocurría, una barcaza lanzada por los austriacos rompió el primer tramo de pontones, interrumpiendo el cruce. Bertrand informó a Napoleón que… ¡necesitaría toda la noche para repararlo!

Solo 17 000 franceses y 18 cañones habían cruzado a la orilla norte. La situación se volvía muy complicada. Sin embargo Napoleón aún no lo sabía. Pensaba que frente a él solo estaba la retaguardia enemiga, y sus patrullas no lograron atravesar la pantalla de caballería austriaca y descubrir la verdad.

A la mañana siguiente los primeros en cruzar fueron los coraceros del general d’Espagne. Poco después el puente volvió a ceder. Casi 25 000 franceses habían pasado. Frente a ellos comenzaban a atisbarse los casi 100 000 soldados del ejército de Carlos.

El ataque sobre Aspern

Sobre las 14:30 del 21 de mayo 2000 grenzers se lanzaron sobre la villa de Aspern, dando comienzo a la batalla, precediendo al VI cuerpo de Hiller. Masséna, encargado del sector, reforzó a los voltigeurs que lo ocupaban. Napoleón vio entonces la magnitud de la situación. Ordenó colocar una gran batería de 46 cañones en su centro, tratando de contener el avance enemigo hasta que sus tropas pudieran cruzar y reforzar a su escasa vanguardia. La caballería de Bessières fue enviada con el mismo objetivo, dispersando a la caballería enemiga pero chocando contra la infantería formada en battalionsmasse, sin ningún efecto más que retrasarla. Liechtenstein reformó su caballería y rechazó a los galos.

Aspern era el centro del combate. Nada menos que 3 cuerpos, 66 000 hombres, convergían contra 2 divisiones de Masséna, superadas en 1 a 6. El pueblo fue tomado y retomado varias veces durante la tarde, hasta que el propio Carlos se puso al frente de un battalón y desalojó a los franceses. Para entonces el puente había sido reparado de nuevo y la tercera división de Masséna entró en combate y retomó Aspern. Sus compañeros habían sufrido un 50% de bajas. ¡Pero tras pasar algo más de caballería el puente volvió a romperse! Bessières lanzó a su caballería entonces, provocando un choque masivo que hizo ganar algo de tiempo a los imperiales. Esto supuso que Essling no pudiera ser atacado hasta las 6 de la tarde.

El turno de Essling

Essling tampoco había sido preparado contra un ataque, ya que como hemos comentado Napoleón no esperaba enemigos tan cerca, pero tenía mejores condiciones defensivas. 18 000 austriacos atacaron descordinadamente el pueblo, defendido por las tropas al mando de Lannes. La artillería germana se concentró en Essling, que se convirtió en un verdadero infierno. Mientras el extremo izquierdo, mandado por Hohenlohe, consiguió extenderse lo suficiente como para rebasar la localidad y amenazar el cordón umbilical francés: el pontón.

Por fortuna Lasallé estuvo rápido y consiguió hacer retroceder a los germanos cuando la luz del día se apagaba. Napoleón había conseguido detener el asalto enemigo con una desventaja de 1 a 4, pero su posición era aún poco envidiable. Necesitaba reparar el puente definitivamente y hacer cruzar a todo su ejército si quería tener opciones de derrotar a Carlos. ¿Lo conseguiría? Me vais a permitir dejaros con la intriga hasta mañana por la mañana…

Por suerte para Napoleón sus pontoneros eran realmente buenos en su trabajo. Sobre las 22:00 tenían de nuevo el puente en funcionamiento, y a lo largo de la noche 50 000 hombres más pasaron al lado norte del Danubio, habiendo tenido que repararlo una cuarta vez. Sin embargo Masséna y sus 3 exhaustas divisiones no fueron relevadas de Aspern. Lannes debía mantener Essling, mientras en el centro se formaba una gran masa de 31 000 soldados con los que penetrar el centro rival entre la caballería de Liechtenstein y el cuerpo de Hohenzöllern, donde se adivinaba una brecha aprovechable. El III cuerpo de Davout daría el golpe de gracia una vez hubiera llegado desde la orilla sur. La Guardia, como era costumbre, permanecería en reserva. Carlos también tenía una reserva de élite, sus batallones de granaderos, que sumaban más de 11 000 hombres. En Austria no había Guardia como tal.

22 de mayo

Al amanecer el asalto sobre los pueblos fue ordenado. Essling fue bombardeado con obuses tratando de desalojar a los franceses, pero estos permanecieron luchando entre las ruinas ardientes de los edificios. Lannes lanzó su ataque sobre el centro enemigo con 20 000 hombres, formados en columnas de batallón, soportados por nada menos que 5 divisiones de caballería. El avance francés dejó sus cañones sin línea de disparo, mientras que al acercarse a los austriacos sus piezas empezaron a segar vidas francesas.

Lannes ordenó avanzar a la caballería. 11 000 jinetes pasaron entre las columnas y tomaron los cañones, penetrando más allá. En la derecha llegaron a romper algunos batallones enemigos. Fue un momento crítico para el archiduque, que usó su reserva de granaderos sabiamente para cerrar los huecos. Los soldados de Lannes habían avanzado tanto como podía esperarse. Era el momento de Davout, pero, ¿dónde estaba Davout? ¡Los austríacos habían roto de nuevo el puente y su cuerpo de ejército no había podido cruzar!

Las constantes demandas de refuerzos de Lannes y la imposibilidad de enviarselos hicieron ver a Napoleón que su golpe no había sido definitivo, y ordenó el repliegue. Carlos ordenó a sus granaderos presionar y algunos batallones franceses más novatos entraron en pánico. Afortunadamente para los galos, un contraataque desde Essling cogió a los granaderos por su flanco y les hizó detenerse, dando tiempo para completar el repliegue tras la gran batería, que entró en juego de nuevo y forzó a los austriacos a retirarse fuera de su alcance.

Granaderos tomando un granero, por Myrbach

Eran solo las 9 de la mañana. Carlos ordenó renovar los ataques sobre los pueblos y concentrar nada menos que 200 cañones para acabar con la gran batería enemiga que, sin embargo, no consiguió acallar, dada su mejor posición sobre un dique. Napoleón hizo avanzar a la Guardia con el propósito de levantar la moral de sus tropas. Su centro era muy fuerte y Carlos lo sabía, por lo que centró su atención en tomar Aspern y Essling antes de que cayera la noche.

La iglesia de Aspern se convirtió en el epicentro de una verdadera vorágine, siendo tomada y retomada repetidas veces por ambos bandos, llegando a cruzar bayonetas en las calles adyacentes. Tras 4 horas de combates el pueblo quedó firmemente en manos austriacas. Dos horas más tarde habían tomado también Essling en su totalidad con la excepción de un granero en el que unas cuantas compañías de granderos franceses se hizo fuerte. Ese ancla fue clave para que un renovado ataque francés de la Joven Guardia, tras una hora de combate, volviera a hacer suyo el pueblo.

Como muestra de la intensidad del combate, podemos nombrar al batallón Kirchenbetter, que entró con 613 hombres y salió con solamente 46. Napoleón entendió que la lucha por los pueblos se agotaba y, esperando un ataque sobre su centro, se anticipó con un enorme avance de su caballería, tratando de ganar tiempo para que cayera la noche.

La muerte de Lannes

Probablemente fuera en esos momentos cuando una bala de cañón destrozó al general Pouzet, mentor del Lannes, mientras ambos hablaban. El mariscal quedó devastado y entró en shock. Pero los proyectiles enemigos seguían apuntando a ese sector, y uno de ellos, tras rebotar y parecer no llevar peligro, golpeó las rodillas de Lannes.

Lannes fue llevado a retaguardia, donde el célebre doctor Larrey le amputó su pierna derecha tratando de salvar su vida. Napoleón al enterarse abandonó el frente y fue a ver su su gran amigo. Debió ser un momento realmente emotivo, como se refleja en esta excelsa obra de Paul Boutigny.

Napoleón visita a los hericos, por Boutigny

El mayor peligro por entonces estaba en Aspern, pero Masséna consiguió embotellar a los austriacos en el pueblo, sin permitirles salir. Todo el frente estaba estabilizado. Ambos ejércitos exhaustos. Carlos pensaba reorganizarse durante la noche y acabar con Napoleón al día siguiente. Pero no habría combate el día siguiente. El corso supo reconocer la derrota y ordenó el repliegue, que se hizo de manera sobresaliente. Afortunadamente había dado la orden de fortificar la cabeza de puente, lo que permitió la retirada a la isla de Lobau. Allí permaneció, sin alimentos, el ejército francés durante la noche, hasta que los pontoneros consiguieron reparar el puente para volver a la orilla sur. Napoleón abandonó el campo de batalla a la una de la madrugada del día 23.

Era consciente de haber sufrido un serio correctivo y de las repercusiones de la misma no solo en la guerra, sino en toda la política europea. Pero aún no estaba completamente derrotado, como demostraría semanas después en los campos de Wagram…


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One Comment

  1. Daniel Celada Larrañaga

    Muy buen resumen de esta gran y larga batalla. Sobre las batallas de las guerras napoleónicas siempre me sorprende la insistencia en mantener en línea unidades muy castigadas, mientras otras se mantienen tocandose los co….s………….. Lo hacían todos los ejércitos, y a veces servía, pero otras era receta para el desastre.

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